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La Calidad Académica, una mirada desde la Certeza

¿Cómo beneficia la Certeza de la Universidad a la Calidad Académica?

Nos encontramos ante un momento emocionante para las instituciones de educación superior. La experiencia académica de los estudiantes está viviendo una transformación estructural que nace de las nuevas tecnologías y la formación en remoto. Una transformación del paradigma que se prevé que se extienda a lo largo de los próximos años y cuya base radica en la búsqueda de experiencias educativas más flexibles, interactivas y, por supuesto, seguras. Además, ante los nuevos retos socioeconómicos a nivel mundial, esta transformación coexiste con crecientes y exigentes demandas profesionales del mercado para los recién graduados.

No es de extrañar que, en este contexto, la comunidad universitaria y por ende, las propias instituciones, hayan asumido que la Transformación Digital no consiste sólo en nuevos recursos, sino en adoptar una concepción tecnológica global de la organización, con planes, programas y estrategias que permitan formar a los profesionales multidisciplinares y digitales que la sociedad y el mercado están demandando.

Reconectar con el alumnado

La nueva coyuntura social en la que convivimos ha dejado de manifiesto cierto grado de desconexión entre el mercado y las instituciones educativas, dando como resultado una inequidad entre lo esperado de los nuevos profesionales por parte de las empresas y el perfil de competencias adquirido tras su etapa universitaria. Este hecho reside en un mal (y en ocasiones, inexistente) mapa de la experiencia universitaria, que guíe la vida del estudiante durante sus años de formación. Y del lado institucional, en más ocasiones de las que gustaría reconocer, no se tiene claro cómo definir esa experiencia de modo que dé voz a la misión y promesa de valor institucional de forma que efectivamente ésta se cumpla.

Cuando hablamos de calidad académica podemos caer en la ambigüedad del concepto y perder de vista la medición y la comprobación como base de la excelencia. En definitiva, la tecnología educativa es nuestro mejor aliado para dar soporte y seguimiento a la gestión en su desempeño mediante la definición y monitoreo de los indicadores que permitan seguir cumpliendo con la planeación estratégica establecida desde el primer momento.

«La perfección no es alcanzable, pero si perseguimos la perfección podemos alcanzar la excelencia» (Vince Lombardi)

La Certeza y la Calidad Académica, mano a mano

Con estas bases sentadas, nos preguntamos: ¿cómo beneficia que hablemos de una Universidad con certezas a la calidad académica de los programas formativos de la institución? Y la respuesta es que, tanto la Certeza (aplicada a diversos temas, desde los procesos de acreditación, la responsabilidad medioambiental, hasta la seguridad jurídica y transparencia) y la Calidad avanzan mano a mano.

Si la universidad reconoce su necesidad de mejorar, define sus requerimientos y apuesta por una tecnología innovadora para su gestión y gobernanza, tiene el primer paso dado hacia una nueva concepción de la universidad basada en certezas, un ecosistema de educación en el que los riesgos se minimizan.

Es entonces cuando seremos testigos de que la brecha entre lo esperado de los profesionales que se gradúan y el perfil con el que efectivamente lo hacen se reducirá significativamente, ensalzando la calidad de la universidad y, en definitiva, de la sociedad en su conjunto.

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